Para ser eficaz, mide tus palabras

jmcalvo

  Por medio de la palabra no sólo articulamos la realidad sino que también la creamos… 

 

Esta es la idea central que nos transmite Rafael Echeverría en su libro “Ontología del Lenguaje”. Los postulados del autor defienden que el lenguaje ha sido considerado históricamente como algo pasivo que nos permite describir lo que percibimos (mundo exterior) y lo que pensamos o sentimos (mundo interior), pero el lenguaje no sólo nos permite hablar de estos aspectos sino que también hace que las cosas ocurran, es generativo. Alteramos y creamos realidad por medio de las palabras. La manera en la que utilicemos el lenguaje es el factor más importante para definir cómo seremos vistos por los demás y por nosotros mismos. Modelamos nuestra identidad y el mundo en que vivimos por medio del lenguaje. Desde esta perspectiva, si prestamos atención consciente a las palabras que empleamos, podemos ganar dominio sobre nuestras vidas y nos otorgamos el poder de diseñar el tipo de persona en la que queremos convertirnos.

 

Un reciente estudio de la Universidad de Rochester realizado con resonancia magnética funcional, ha facilitado algunas claves desconocidas hasta ahora acerca de cómo la información de las palabras es representada en patrones cerebrales. Los autores han utilizado un modelo semántico en el que han estudiado 242 palabras. Cada una de ellas era evaluada en una escala de 0 a 6 en torno a 65 atributos. La combinación de puntuaciones de cada palabra genera una experiencia particular. En función de la asociación de cada palabra con sus atributos, los autores del estudio han sido capaces de predecir los patrones cerebrales asociados a las palabras estudiadas, así como de frases completas que las incluían.

 

Esto me hace llegar a la conclusión de que por medio de las palabras creamos nuestra forma particular de ver el mundo exterior así como damos forma a nuestro mundo interior. Esta idea, además, tiene una correlación tangible y predecible con nuestros patrones cerebrales. En función de los atributos que le otorgamos a determinadas palabras y frases, las pautas de activación de nuestro cerebro serán diferentes.

 

Esta idea ya fue apuntada por Albert Ellis, bajo la influencia del pensamiento estoico, en su modelo de Terapia Racional-Emotiva a principio de los años 60. Este modelo sostiene que las perturbaciones emocionales a las que nos vemos sometidos, no están causadas por los acontecimientos sino por la interpretación que hacemos de ellos.

 

De este planteamiento, el autor deduce que las personas tienen en muchas ocasiones ideas irracionales sobre el mundo y filosofías de vida que, aunque sean completamente inventadas o no se ajusten a la realidad, las mantienen como dogma y alteran su percepción de la realidad. Considera limitantes estas ideas, ya que impiden al sujeto una buena adaptación al mundo y le causan perturbaciones emocionales y conductuales.

 

La Terapia Racional Emotiva encuadra el comportamiento con un esquema A – B – C, donde A son las circunstancias que se nos plantean, B la creencia irracional limitante y C la respuesta de la persona. Lo particular de todo esto es que, la consecuencia C no es causada por el entorno (el suceso activador A), sino por el propio sujeto y su creencia (B).

 

Ellis sostiene que articulamos todo un sistema de ideas y creencias irracionales en torno a 3 nociones básicas, en las que las personas hacemos peticiones de carácter absoluto a nosotros mismos, a los demás y al mundo “Los 3 Debes”:

  1.  Yo DEBO actuar bien y tengo que ganar la aprobación por mi forma de actuar.
  2. Tú DEBES actuar de forma agradable, considerada y justa conmigo.
  3. Las condiciones de mi vida DEBEN ser buenas y fáciles para que pueda conseguir prácticamente todo lo que quiero sin mucho esfuerzo e incomodidad.

 

Esta filosofía personal de exigencias absolutas y dogmáticas genera un conjunto de distorsiones negativas que se traducen en resaltar en exceso lo negativo, exagerar lo insoportable de una situación o condenar a las personas, o al mundo en general, si no me proporcionan lo que me “merezco”.

 

Estas expectativas categóricas acerca del funcionamiento de mí mismo, de los demás y de la vida, pueden generarme estrésde dos maneras: con lo que Ellis denomina la “ansiedad del yo”, que sucede cuando soy el que no cubre mis propias auto exigencias, y la “ansiedad perturbadora”, que sucede cuando son los demás los que no copan con estas necesidades.

 

Existe, por tanto, un juego recíproco de influencias entre las palabras que utilizamos, los pensamientos que generamos y la forma en que vemos el mundo y nos comportamos en él. Prestar atención consciente a este juego y convertirnos en el moderador de nuestro diálogo interno condicionará en gran medida nuestra productividad y también nuestra felicidad. Tus palabras y tus pensamientos son la morada dónde habitas. Prestar atención a nuestros mensajes, internos y externos, e incorporar algunos matices puede resultar determinante.

 

MIDE TUS PALABRAS…

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Anderson, A. J., & cols., a. (2016). Predicting Neural Activity Patterns Associated with Sentences Using a Neurobiologically Motivated Model of Semantic Representation. Cerebral Cortex, doi: 10.1093/cercor/bhw240.
  • Echeverría, R. (2011). Ontología del Lenguaje. KATZ.
  • Labrador, F. J., Cruzado, J. A., & Muñoz, M. (1998). Manual de Técnicas de Modficación y Terapia de Conducta. Madrid: Psicología Pirámide.
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Posted in: Liderazgo y Gestión del Talento
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